¿Por qué necesitamos recordar a Berthe Morisot?
El impresionismo impuso una nueva perspectiva del arte, alejada de los viejos cánones donde la divinidad de los dioses era el centro de atención. Este nuevo movimiento, que apareció a partir de la segunda mitad del siglo XIX en Europa, que consiste en la representación de la realidad, tan criticado y rechazado en sus inicios, se propuso pintar, capturar, los instantes irrepetibles de la vida cotidiana, de la vida terrenal. Era algo nuevo, y como toda novedad no fue bien recibida en su momento.
El impresionismo nos alejó de aquella inmortalidad fría y nos recordó el paso del tiempo, aquellos instantes irrepetibles de nuestra vida, en pinturas hecha por las grandes manos de Berthe Morisot, Monet, Pizarro, Corot, Degas, etc., pudimos ser testigos de aquellos momentos que no se repetirán nunca, como bien dijo Heráclito "nadie puede bañarse dos veces en un mismo río".
Si bien fue una crítica a una pintura de Monet la que le dio nombre a este movimiento, hoy quiero destacar a una artista que a pesar de su talento y sus logros, no sobrevivió en la memoria colectiva como sus contemporáneos. Haciendo mi investigación puedo dar fe de que hay varios artículos recientes que hablan de la primera mujer impresionista, pero a pesar de tener su debido conocimiento en el papel, su nombre pierde color en la mente de la gente.
Berthe Morisot (Bourges 14/01/1841 - Paris 02/03/1895), conocida como La Gran Dama de la Pintura, fue una persona con talento prodigioso pero limitada por su posición de mujer de alta sociedad de siglo XIX, aun así esto no evitó que dedicara su vida a la pintura y destrozara las barreras de género de su época. Morisot participó en todas las exposiciones impresionistas de la época, menos en una y fue solamente porque acababa de nacer su hija Julie, entre otros de sus logros podemos mencionar que llevó el impresionismo a Estados Unidos en la American Art Association y que llegó a vender más cuadros que Monet, Sisley o Pissarro. Y este último dato no es para desvalorizar a estos artistas, sino para mostrar que Berthe Morisot estaba a la altura y un poco más, me atrevo a decir.
A pesar de su talento y el reconocimiento que tenía por su arte, sólo podía pintar dentro de su casa o en los parques durante el día solamente, tenía vetada la entrada al café Guerbois donde se reunían los artistas del momento y tampoco tenía permitido estudiar en las escuelas. Y todo esto se debía solamente a su estatus de mujer burguesa, aunque en consecuencia hizo que su pintura fuera aun más autentica, conociendo sus técnicas y pinturas podemos decir que ella entendía el impresionismo como nadie más pudo.
¿Pero por qué su nombre, o sus pinturas, no sobrevivieron en la mente colectiva? ¿Por qué aquellos sin conocimiento del arte escucharon el nombre de Monet o Pissarro, pero no de Berthe Morisot? ¿Por qué al hablar del Impresionismo no es ella una referente inmediata, siendo Morisot quien experimentó e innovó más en la pintura que sus compañeros, impregnados con aquel academicísimo del que tanto se querían desprender? ¿Por qué ignoramos a esta gran mujer? Estas son algunas de las preguntas cuya respuesta desconozco pero que no dejan de indignarme en nombre de Morisot.
Otra pregunta que muchos se hacen, en contra de este tipo de entrada, es ¿por qué hay que recordarlas, que sentido tiene revivir el pasado si nuestro mundo actual no tiene relación con aquellos acontecimientos? Pues mi respuesta se resume en una simple palabra: necesidad. Recordar a mujeres como Berthe Morisot es necesario para nuestras propias mujeres contemporáneas, para que ellas conozcan que es posible romper tradiciones, hacer todo lo contrario a lo que te imponen por tu "rol de mujer", porque sí, a pesar del voto, de las leyes a nuestro favor, todavía para muchos la voz de una mujer sigue siendo un chiste o algo para no tener en cuenta. Y por esta injusticia necesitamos conocer y recordar la historia de estas grandes mujeres.
Morisot no tuvo que elegir entre su arte o la vida hogareña, sino que tuvo ambas y con éxito cabe aclarar, se casó a los treinta y tres años con el hermano de su amigo Manet, Eugéne Manet. Tuvo una hija, Julie, quien fue una de sus principales inspiraciones en muchas de sus pinturas. Hoy en día esta situación sería lo más normal del mundo, pero para el siglo XIX era algo de otro mundo que Berthe Morisot no dejara de lado su trabajo para dedicarse absolutamente a las tareas del hogar.
Hay muchos datos biográficos que estoy dejando de lado, porque el objetivo de este escrito no es hacer una biografía de esta excepcional pintora impresionista, eso ya fue hecho reiteradas veces, así que no veo para qué repetir palabras. Lo que yo quiero resaltar es que a esta mujer, a la Gran Dama de la Pintura, ni su rol social, ni su género, ni la tradición, ni los comentarios negativos, ni nada, hizo que ella dejara de lado su pasión, su amor por el arte, por levantar un pincel, sumergirlo en pinturas y crear, porque el arte, mis queridos y queridas lectores y lectoras es lo único que nos hace realmente libres, no hay direcciones o reglas, sólo libertad que desconoce de género, edad, etnia o lo que sea. Así que si Berthe Morisot pudo lograr vivir de su arte en una sociedad donde para una mujer era algos ridículo y digno de rechazo, ¿por qué vos no podes?
Si ella pudo, vos también.







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